martes

FunkY roAd (episodio2)



Esto es mi mente. Mis pensamientos. Lo Real. Lo otro, un sueño, el reino de mi otro modo de existir- me dije al despertar. Estaba en mi cama, lo supe antes de abrir los ojos. No por recordar (la acción) sino por recordar (la sensación).

Sin embargo algo en mi se había movido.

Ya no era yo la misma persona. Había experimentado la música de un modo diferente. En ensamble de sonidos suplementarios yo había sido todos ellos. -¿Qué significará este sueño?- me pregunté, sí.

Tenía que levantarme. ¿Será que tengo que tocar la trompeta? Tenía que lavarme la cara. ¿Será que tengo que estudiar guitarra? Los dientes. ¿Canto? Vestirme. ¿Viajar en tren? Desayunar. ¿Ir al desierto? ¿Cambiar mi vestuario? Ir a la facultad. -Eso es lo que tengo que hacer. ¡Por favor! El examen de Teoría de Probabilidades es pasado mañana y yo analizando un sueño! Me levanté, me lavé la cara, los dientes, desayuné. Me fui a la facultad.

Bendito treinta y siete, hoy llegó rápido. Y vacío.

jueves

FUNky rOad. (primer episodio)










Es eso.

un enorme darse cuenta q me ha caido encima.

como un baldazo de agua fría.

o como una tormenta tropical, de tibia agua oceánica derrumbándose sobre mi eléctrico cerebro.


Cómo sería retornar al origen sin haber completado la vuelta. El camino que pisan mis pies es, a veces, el camino que realiza mi Alma. Otras, el andar errante me hace perder el pulso. Aun así me llevo hacia el mundo de mis juegos con este estar de adulto. Yo soy la perla de mi océano. Yo fui la ostra que la ocultó. Seré la mano que la recoja.


Mi sueño detonante se ha devorado todo lo que en mi oscurecía. En aquel soñar estaba yo durmiendo en una estación de tren. La luz tenue de las lámparas anaranjadas daban a la escena un aire musical. Parecía que en cualquier momento llegaba el tren y se bajaba un trío de músicos negros vestidos con trajes de lentejuelas. Celeste, rosa y dorado. Unitonales. Atinado parecer onírico, pues entonces llegó el tren. Enteramente rojo y moderno. Parecía funcionar con unos molinos que llevaba en el techo. No se veían cables. Sí brillaban los rieles sobre los que avanzó hasta detenerse en la estación y despertarme para presenciar el colosal despliegue sonoro que se posó sobre el andén. Tres señores, negros, vestidos de traje (uno celeste, el otro rosa, el otro dorado). Sí, de lentejuelas. Uno bailaba con un contrabajo, otro llevaba un teclado pequeño que sostenía con el brazo izquierdo y tocaba con la mano derecha y el tercero tenía colgando delante de sí un tambor, un hi hat y un crash. Se veía gracioso, el batero andante. Ellos bailaban al tocar seduciendo el espectro lumínico que sorpresivamente se acopló al “show” variando colores e intensidades. Bailaban mientras tocaban y se conducían decididamente hacia mi. Yo, despeinado, los miraba acercarse. Me rodearon con su música y no pude evitar levantarme y bailar. Entonces me vi. Llevaba también un traje de lentejuelas. Mi color era el verde. Un verde claro, como de agua. Y en mis manos tenía una trompeta que misteriosamente sabía tocar a la perfección por lo que me convertí en el canto trompefante de este cuarteto. Bailando, los cuatro, subimos al tren. Sonábamos meloarmonías intransigentes. Éramos la esencia de un viento que por milenios se había quedado atascado en el desierto sin poder mover otra cosa que arena. Chocando entre médanos estaba imposibilitado de salir. Yo supe eso porque vi la imagen, y esa imagen se convirtió en el destino del tren, que se detuvo en una estación de arena blanca. Con tonalidades rosadas,porque el Sol amanecía. Allí descendimos los cuatro. Sin dejar de sonar nos acercamos a un señor que parecía recién despertado sentado en su banco. Tenía también un traje de lentejuelas. Violeta. En cuanto lo rodeamos sacó una guitarra de abajo del asiento, eléctrica pero inalámbrica. Y azul. Marino. Mientras todo el sonido se hacía sopa, guiso, budín, flan! Una señorita con vestido de lentejuelas negras se acercó a nosotros. Tenía un micrófono en su mano y en su boca vibraba: Sammertaaaaaiiiiimmmmm iu biliv it´s iziiii….. su voz era el hechizo que despertaba al mundo, mi alma sentía la fusión y entonces levanté la mirada. Todos me miraban. A cada uno miraba yo. Todos eran yo. Hasta la mujer. Entonces me desperté. En la vida real. Y supe que mi alma ya no oscurecía. Había pasado el largo invierno. Ahora amanezco.

Pensamiento 1

Por la noche se despiertan los sonidos que el día apaga. Suenan los pasos, unos pasos tacos, como de... zapatos blancos? Y la pollera es azul. Marino. Y se alejan mientras el jilguero pia, y ahora vibra el vidrio de la ventana. Y la luna, aturde. Mi día es efímero. Y también tu vida. Y todo. Cómo quisiera ser más sabia y detenerme un rato a tomar el te con mi alma.

martes

Buen Dormir

Caminó por el sendero de Magnolias hacia el bosque de Tilos que, oscuro y fresco, descansaba en la calurosa tarde de verano. El mundo pareció detenerse al sentir el aroma soporífero y, sin llegar a elegir un lugar para el descanso, Marta Martita se quedó dormida.

Nadie va al bosque de Tilos sin el conocimiento de que lo espera una larga siesta, pues es propiedad íntima y sinérgica de estos árboles, dar el descanso indicado al cuerpo y a la mente. Quien entra en este bosque se duerme por la suma de horas que se salteó en la vida. Marta Martita había viajado mucho para llegar a este bosque, recomendada por los médicos de la disciplina secreta, que aun pululaban entre la agnosia general. En pleno Montreal ellos le habían explicado el camino y le habían indicado alimentarse muy bien pues el único peligro del dormir era dormir demasiado y no despertar antes de recibir el alimento necesario. Así que cargada de una buena dosis de grasa y una buena manta Marta Martita durmió durante 3 años.

Cuando despertó actuó con total naturaleza ante el mundo.

Sus pasos la llevaron sin titubear a las costas del Mar Caribe, donde aprendió Las Danzas de los Pies Descalzos y luego se dedicó a bailarlas frente al mar cada amanecer y cada atardecer. Durante el día ejercía el oficio para el que había estudiado: observar la naturaleza vegetal y explicarla. La base científica de sus estudios fue combinada con la lucidez de sus neuronas y el arte de su corazón y así fue que al cabo de 3 años había descubierto y explicado un lenguaje que acontecía entre las plantas y las estrellas. Un lenguaje basado en electromagnetismos mínimos pero con una coherencia interpretable tal como se interpretan jeroglíficos egipcios y cosas similares. Marta Martita presentó su trabajo de investigación en un Congreso de Botánica en Costa Rica y además publicó un libro narrando las historias que las estrellas le contaban a las plantas y cómo éstas respondían con cuentos de alta alcurnia. La Sociedad Científica no pudo refutar los hechos, todos se maravillaron ante la impecabilidad de la investigación.
La Humanidad se cautivó ante los saberes estelares que le llegaban a las plantas y muchos quisieron aprender el lenguaje para entender.
(...)
Marta Martita tiene los ojos de almendra, sus labios de Mora emiten un canto como antiguo pero presente. Su mirada tiene que ver con la sal y sus palabras con la lava.

sábado

Compañias

De todo lo de Otoño que estos días traen Carmela intenta acaparar lo algo que quede de Verano. Intenta recordar en qué momento se acabó el sentir con el que venía, tan copada estaba, para quedarse con este amargón cuasi sólido en los ojos, que miraban ya como si el aire entero se encontrara enrarecido y asqueroso.... Cuando decidió que todo lo que quedaba por hacer era existir y entender que el nuevo estado ya habría de acomodarse.

Una sarta de cosas-

Platos rotos.

Había caminado el mundo. Había caminado el mundo y ahora no podía combatir su propia fiebre visceral. Los fantasmas de su infancia y una pizca de colores mal pintados en la pared. La pared. La locura. Por qué era ella dueña o esclava de una pared. Y quién dictaba los aconteceres que le enturbiaban el camino. Stop. Nuevo Comienzo.

Nuevo Comienzo.

No quería que el tipo se le acercara. de eso estaba segura. pero algo en el universo la llevaba a buscarlo. y cómo evitar los estados de lujuria o evitar juzgar el modo. El modo no es correcto. Eso por sí misma. Porque después no se siente bien. Porque después no se siente bien. Comer el helado. DESpués escupirlo. Una sarta de confesiones q no le importan a nadie pero para ella son lo más precioso. Lo más precioso. Porque la convierten en hereje. Hereje. Que la juzgue la hoguera si algún día regresa. Su hechicería no es profana. Santos no existen en el concepto de una niña. Ni niña es cuando sus tetas no marchitas saltan al bajar escaleras. Pero ahora estaba aca, con el aliento del otro en su oreja y ella no quería. no quería. no quería. salí piba. salí piba. se dice a sí misma. salite de ahí. salite.
y se fue.

Y se fue.

La luna esta mañana se puso, se ocultó mientras amanecía. su luz era la luz del sol y esa misma luz que rozaba la tierra y mis ojos ven ahora. ahora. se pone la luna. y yo la veo. pero el sol atrás. también lo veo. y yo en el medio. toda siendo humana, huelo el aroma del tiempo.

El aroma del tiempo.

En una época los hombres creían en cosas sagradas y tenían rituales. Y nadie se preguntaba cómo o si si. Pero hoy es raro. ES raro que todo está como ido. porque lo sagrado no suena a sagrado. ni lo no sagrado agrada al corazón. se me nubla cierto diálogo cuando veo la vacuidad de mi propia religión. la ausencia de eso que atina a reemplazar a la inalcanzable certeza. Nubes que me gusta ver en el cielo no acongojan mi espíritu lleno de algo q no alcanzo. Un agua que no bebo. Y podría ser positivista y jugar a que sí. pero que mal me siento a veces. y por qué falta el aliento. Yo hoy creo en ciertas cosas. Creo en los hechiceros y creo en los tiempos dodecafónicos. Aunque no me agrada del todo el sonido de la música no organizada por las armonías predilectas. Algo de costumbre en mi oído y algo de dormida mi alma. Por qué no me susurra al oído? Por qué no escucho en esta tarde de lluvia y calor, bendita tarde de lluvia y calor, los consejos de mí misma? Y mi ser. Y mi ser. Escribir así es un poco como tocar el piano.

viernes

Navegar


Delfines y canoas.
No puedo dejar de pensar en eso mientras camino por esta ciudad.
Delfines y canoas.
No permito que escapen de mi pensamiento.

Delfines y Canoas.

Gente. ¿Tanta gente? Es mucha. Somos muchos. Vamos por la vereda.
En la calle no hay autos, entonces bajo al asfalto
para poder sentirme.
Distraida camino. Pronto-de pronto-me caigo. (No tropiezo, caigo, como por una alcantarilla, parece). Pero delfines y canoas me protegen del miedo.

Miedo a lo que ocurre, miedo a lo que viene. Ahora ausentes, los miedos.
o intraducibles.
Pues mi mente toda es Delfines y canoas.
No cesa la caida, parece que voy por un túnel y me río porque ya no hay vereda, ni gente. Sólo túnel y delfines y canoas y caer.
Deslizarse, deslizarme.

Deslizarme en el caer curvo, agudo, movimiento uniformemente variado, agradable y veloz.¡ fium! Vuelvo a caer, como al aire, como a la nada. Ahora agua y túneles de agua.
No puedo respirar.
Pero-Delfines y Canoas-. No tengo miedo de lo que llega. Pronto floto y respiro. Me toca el Sol.
Sol, delfines y canoas.
También algo de mar.
Elementos en mi mente: Delfines, canoas, sol, mar.

Mar en mi piel, el Sol que me seca.
Un delfín y otro.
saltan.
A mi alrededor,
canoas.
Me trepo a una.
Delfines, canoas, sol, mar, trepar.
Y navego. Rodeada de delfines, bajo el Sol, sobre un mar que me lleva hacia alla, hacía lo próximo, próximo limpio de ansiedad. el miedo desvanecido.Delfines, Canoas, y Navegar.

23/2/09
Yésica Topakbassian