jueves

Un mirar otro


  Se despertó bruscamente. Empacó, dejó la habitación y fue hasta la recepción.  Eran las tres.  De la madrugada. 
-La habitación que me dieron tiene pulgas- 
-Lo siento, el hotel está lleno. Puedo devolverle su dinero.-
-Bueno-

  Se fue. Caminó por la ciudad desconocida, llegó a un parque y se acostó en un banco.  En el universo ardían las estrellas y ella viéndolas percibía su calor.  Se durmió de repente.

  Ahora es el día siguiente. Ella aun duerme y el Sol no asoma todavía, pero ya cantan los pájaros.

  Y se despierta suavemente, sin terror.

  No tiene nada que hacer, no conoce la ciudad, no tiene a quién visitar. Ni rumbo, ni origen.

  Se despierta suavemente, sin terror.

Camina por el parque;
brisa.
El parque se desliza ante sus ojos;
canto.
Sus pies empujan la Tierra y el paisaje sucede;
rojo.
y violeta.  Ese es el cielo.  Aire atravesado por Luz.  Y ella se pregunta, ¿Los colores son del Sol?  La luz Luz.  La luz original.
¿Los colores son de las cosas?  Elementos, que con la sola varianza en el número de protones son excéntricamente diferentes.

  Ahora se sienta en otro banco. Respira la mañana.
Y se hace de noche.
  Ahora se levanta del banco.
Y baila.
Sin peces, el estanque invita.
Y nada.

  Amanece. Se duerme. Se duerme. Sueña con gorilas.  (Pero no les tiene miedo).  Un oso la despierta.  En la vida real, no en el sueño.
-Hola Oso- dice.
-Grrr- el oso.
Morir, llorar, Miedo.
-No- dice.
Vivir, reir, Canto.
¡Cómo le gusta su canto al oso! Se tira panza pa´arriba y ella se acurruca en su pecho.  Se duermen y sueñan con gorilas.  (Pero no les tienen miedo).


lunes

Alla en el mundo, un conejo.





Es así.
Yo miro por la ventana, vuelvo a mi juego, miro por la ventana hacia la calle, vuelvo a mi juego con los pinipons, miro por la ventana los ojos de una gata que pasa caminando, vuelvo a mi juego: los pinipons se pasean por la plaza plástica, la gata es blanca y sus ojos amarillos.
Ahora sólo miro por la ventana, hacia la calle, los ojos amarillos de una gata blanca que pasa caminando por la vereda de mi casa. Corro hacia la puerta, estiro mis brazos hacia el picaporte...
-Camila, ¿Qué hacés?-
Zas, la señora reglamentaria me levanta. Vuelvo a estar frente a la ventana, frente a la plaza pinipon, ya no hay gata. Igual miro por la ventana, hacia la calle. Pasa un auto rojo, después uno gris, ahora uno verde. Pasa la vecina con su perro Heráclito, yo miro por la ventana, quiero ver si pasa la gata blanca, de ojos amarillos. ¡Épale! Ya no quiero eso. Lo que veo ahora es...es ¡Un conejo! Un conejo, de esos de verdad, con los ojos rojos (y conejo). Voy muy sigilosamente a la puerta, estiro el brazo hacia el picaporte, lo bajo. La puerta no se abre. Veo la llave -¿Cómo será esto?- La empujo, la toco, le susurro palabras inventadas. La puerta no se abre. Vuelvo a la ventana. Allá, en el mundo, un conejo. Y no lo puedo tocar, ni seguir ni nada. STOP. Pausa. ¿Allá en el mundo? Switch on. ¡Acá! Acá, en el mundo, un conejo. Me escurro entre las rejas y salgo por la ventana, un saltito a la vereda y... ¡Uy, se va! -Conejito, conejito- En eso llega el señor de los abrazos. -¡Camilita, jugando en la calle! Pero qué linda-. Upa y adentro. Observo un detalle importantísimo: a las llaves hay que girarlas para poder abrir puertas. –Estupendo, me digo a mi misma. Otra vez adentro, la señora de las meriendas me da leche y galletitas y el señor de los cuentos me lee una historia sobre una chica que se queda dormida en un reino embrujado. Pero yo pienso en la gata blanca, de ojos amarillos, y pienso en el conejo, blanco como la gata, pero con ojos rojos y conejo. -Allá, en el mundo, pasan cosas alucinantes-. Un momento. ¿Allá en el mundo? ¡Acá! Acá, en el mundo. Y sin que me vean (ni el señor ni la señora) me acerco a la puerta, giro la llave y me zambullo a la aventura.


Yésica Topakbassian
2/2/09

jueves

criatura de la Tierra



Ciertas noches, mientras se me adormece la sensación impresa por el mundo, vuelvo a un yo casi desconocido para mi; tanto que a veces me siento extraño y lúgubre, como si yo no supiese para nada quién es ese yo que me habita cuando el mundo desaparece de mi. 
   En esas ocasiones no tengo más remedio que entregarme a una danza extravagante que por cierto me resulta exquisita. 
  
   Cierta vez que eso acontecía llegó a mi una sensación innovadora: porqué no intentar cantar.  Y nota a nota, surgió una melodía que declaré lisa y azul.  Una melodía que siempre repito cuando el mundo me atosiga y no logro despegarlo de mi. 

   Resulta casi coherente que eso haya ocurrido.  Veamos, el mundo es un tanto iridiscente y no siempre uno goza del vacío interno que antaño sería tan simple, tan natural.  Además bailar no sería una buena herramienta, ¿Cómo escapar del mundo en pleno plaza Constitución?  Bailar sería demasiado llamativo y el mundo se me metería más adentro, más espeso.  Pero una canción es algo tan inocuo, tan desapercibido en la ruidosa Buenos Aires que me ha resultado cada vez más fácil hacerme de mi, alejarme del tiempo. 

   Lo curioso es que esta facilidad de entregarme a mi no me llevó a permanecer más cómodamente en el mundo de lo cotidiano, sino que me hizo ver con claridad que el mundo este que yo parecía haber elegido, era una realidad que no era mía, que yo no participaba en la creación de mis días y que éstos me estaban atropellando un tanto belicosamente y un poco me molestó eso de mi yo que sí sabía lidiar con la existencia compartida. 

   Esa es la principal razón que me llevó a cambiarlo todo.  Y cuando digo cambiarlo todo digo… ver realmente rinocerontes corriendo… por el monte. 

ÁFRICA

   África me ha acogido alegremente, mientras yo cante mi canción soy una estrella.  Soy una fuente.  Soy una vida.  Cuando llegué aquí los días parecían eternos, porque no había lunes ni jueves a las tres.  No había mi noción de mi acción al tiempo dado, sólo estaba yo, mi real yo y África.

   Hay dos Áfricas que yo puedo recordar, mencionar.  El África que tenía inventada en mi mente, cuando yo no era mi verdadero yo, y el África que yo ví, que yo veo.  La primer África es de elefantes, negros y jeeps.  Y palabras como Safari.  El África que pisan mis pies tiene aliento a verdad.  Es un lugar como todos.  Como el otro, pero los acontecimientos se despilfarran frente a mi y no hay de aquellos momentos sin canción. 

   Primero ví los pastos.  Son muy representativos de la palabra vida.  Los elefantes estaban ahí, están ahí, pero no son objetos de mi inventiva.  Son unas criaturas enormes, unas otras criaturas con sus realidades que se evidencian de yoes reales.  La primer pregunta que me hice fue del tipo cómo puede ser.  Cómo puede ser que personas ajenas a sí mismas sean las que propulsan el terror y deciden cuánto pasto existirá en África.  Cuántos niños dormirán hoy olvidando su alma en la realidad anti-real de los patéticos adultos ajenos de su sustancia vital.  Eso me molestó, casi me devolvío a mi otro yo, llamemosle mi yo feo.  Mi yo no yo. Mi anti yo. Mi yo construido cuando la niñez ya no fue suficiente para ser del mundo.  Esto fue un momento muy detenido en mi, una observación del modo sucesivo.  Luego canté mi melodía y eso se evaporó, porque aquellos humanitos pseudo-reales no tienen tanto poder como creen.  Y los pastos con su verde crepitar se hacen amarillos por causa del Sol y el Sol es el que en todo caso es bastante poderoso aquí.  Así que inmediatamente me olvidé de aquellos modos y vino la segunda sensación.  Una sensación como de viernes, pero mismo en domingo.  Una sensación como de veintinueve de febrero en año no bisiesto.  Y mis ojos se abrieron un poco más.  En tanto eso pasaba apareció el jeep que yo había dibujado en mi mente.  Era un safari con un elefante a bordo y los pastos se iban a toda velocidad, hacia un atrás que no era pasado.  Yo supe entonces que continuar dibujando más realidades con mi mente no era astuto.  El universo, el Universo, es miles de millones de veces más ingenioso e interesante que mi delicada conexión sináptica intentando construir futuro.  Así que me despreocupé del asunto y me dediqué a percibir los aromas, los colores.  ¡Ay que inteligente por mi parte hacer eso!  ¡Cuándo los elefantes se dieron cuenta!  Corrieron hacia mi, no.  No. Corrieron hacia su amigo elefante que ridículamente continuaba sobre el jeep, a mi lado.  Y le dijeron algo, un sonido le dijeron.  Yo no pensaba, oía.  Y porque oía entendí que ese sonido era nasal, no, nasal no. Trompal.  ¡Ay elefantes, qué enormes son!  Eran diez y me rodearon.  El uno que iba a mi lado saltó del jeep.  El otro que estaba más cerca de mí me tomó con su trompa y me llevó al suelo, con delicadeza.  Luego los otros destruyeron el auto y, corriendo todos juntos, se fueron.  Allí, en medio de la sabana me quedé solo.  Mi mente casi habla, pero no la dejé porque canté.  Entonces olí el néctar de las flores de una enredadera y amé ese aroma y del amor que sentí esa enredadera se alimentó y creció hasta que una flor quedó frente a mi nariz y yo la olí y supe que esa planta era feliz.  Y yo fui feliz.  Y sentí un galope.  Yo corría junto al mundo que giraba.  Corría.
   Soy una criatura de la Tierra.

´Funky Road. Episodio 5

Cuando el mundo confía tanto en la probabilidad me da como un escalofrío íntimo, inmanifestable. Resultaría hereje contraponerme a Estadística, madre del Universo. Pero yo no puedo dejar de pensar en Casualidad. Ok, no es tan sofísticada. Es inesperada y hasta ociosa. Pero se que todos la veneramos en silencio, esperando que Sea, que ocurra que pase, que bendiga al mundo con su devenir descontrolado; digamos mágicos. Para ser más irreverentes, aun.

domingo

Funky Road (episodio4)


Un espacio puede estar decorado de infinitas formas. Y si tiene palmeras, mejor. El mar: azul. La arena: me gusta gruesa, que se distinga la roca del caracol. Que no sea muy ancha, la playa. Que se continúe en selva hacia el continente. Así es como preferí este lugar por sobre toda la costa transitada. Desde el Río de la Plata tomamos el océano Atlántico, ya en Uruguay y navegamos el borde hasta Río de Janeiro. Allí nos detuvimos una tarde, compramos frutas y cargamos agua y continuamos hacia Bahía acompañados por delfines que saltaban y reían. Como si fueran niños. Como si fuera un niño yo me maravillé de todo cuanto veía. Y también de mi osada valentía desprendida de toda racionalidad adulta. Yo, estudiante de matemáticas, a punto de licenciarme, había accedido a viajar sin rumbo exacto con el peculiar navegante músico. No me había convencido él. Yo solito sentí absurda toda mi actividad como criatura viva del planeta y luego de la zapada no quedaba de mi más que una sensación. Cuando volvíamos al pantano de Ciudad Universitaria, el me comentó que me dejaba y seguía viaje. Para dónde. Para el norte. ¿Para el norte? Sí. Para mi el norte era un lugar alla, que un día visitaría sin intento, como participante de un congreso científico o algo por el estilo; pero para él el norte era un tiempo, un tiempo musical. El norte era una negra. Y el compás cantaba: negra negra negra negra. Cuatro cuartos era el ritmo de las olas. Fsh fsh fsh fsh. Llevame. Le dije. Cambió el rumbo y mientras el barco navegaba marcando el tiempo, me senté al piano y tocando entoné una canción.

Soy de la lluvia

Y del viento tomo el silencio.

Cuando sale el Sol.

Yo se que es la Tierra la que gira.

Y sin embargo no fui yo..

Busco mi saber

Mi modo de ver.

Soy una gota en la lluvia

Soy una gota que cae sobre el mar.

Sobre el Mar.

Estaba improvisando. Era una baguala. Y en el piano sólo tocaba un MI grave y un SOL tenue, como el Sol del atardecer que amanecía más allá.

Crónica de un Asombro Zoológico


Evolución, la hija del Rey, estaba enfurecida. Su padre le había prometido un paseo por el ambiente terrestre para su cumpleaños.

Aunque éste se encontraba muy cercano, los científicos de la corte no conseguían descubrir el modo de adaptación al medio terrestre. Explicaron que el oxígeno atmosférico no era respirable, que la sequedad del ambiente era tal que colapsaba todo sistema de intercambio gaseoso.


Evolución vio el océano y gritó.


Su grito acabó en un llanto hondo, húmedo, tembloroso. Un grito que ocultaba un miedo; un miedo que ocultó con angustia; una angustia que ahora se manifestaba entera, real, sincera. Tan espasmódico fue el devenir lacrimoso que se le metieron para adentro las branquias y casi al mismo tiempo su válvula flotatoria se llenó de gas. Desmayada por la metamorfosis repentina flotó, flotó, flotó y

¡Zás!

Se salió del agua. Y flotó, flotó, flotó y

¡Zás!

¡Evolución estaba volando!

El contacto con el aire atmosférico la despertó, y del asombro ¡Plaf! Cayó al agua y se hundió, se hundió, se hundió mientras sus branquias recobraban la forma y disposición habitual. Enloquecida por la fabulosa experiencia Evolución le contó a su padre, le contó a la corte, a los científicos… de la invanginación branquial, de la emergencia al mundo negado, del vuelo, de la caída. Su padre no la entendió. La corte se rió. Los científicos le explicaron los límites de su fisiología.

Pasaron lunas y mareas y la misma Evolución pensó que todo había sido un sueño. Pero como lo recordaba tan vívidamente, decidió experimentar por su propia cuenta. Convocó a sus amigos más cercanos y los incitó a la investigación. Tal era su entusiasmo que ninguno se negó. Ella misma se encargó de empujar las branquias hacia adentro, de decirles ¡Ya! Para que la flotación extrema ocurriera, de, de…

Ahora ellos vuelan. Ahora se dejan caer. Pero no se hunden. Flotan. Respiran oxígeno atmosférico. Ríen y admiran delante de ellos lo abstracto de lo desconocido.

Julio 2008


Comunidad Animal

Los que vuelan

Los que nadan

Los que andan por la tierra

Los que no se desplazan

Los que parecen plantas

Los que parecen estrellas

Los que nacen

Los que "aparecen"

Unos cantan, Otros juegan.


Julio 2008

martes

FUNky rOad. (tercer episodio)


No quise entrar a clase. Estaba aun aturdido por el efecto de la mañana, del despertar. Y el Sol, ya inundando el predio, señaló senderos que me llevaron hasta el pantano. Qué lindo aire se respira aca, pensé. -Qué lindo aire se respira aca- me dije. -Sí-. Escuché que alguien decía. Me decía. Acomodé mis anteojos intentando disimular mi timidez, sonreí y seguí caminando. Este señor que me había hablado me alcanzó en tres zancadas, me miró. -¿Te gustaría andar en bote por el río?- me dijo. Claramente respondí que no. Que tenía que ir a clase. Que gracias. Bueno si querés te lo muestro nomás, está acá, en la orillita, atrás de las totoras. Y señaló hacia alla, hacia los pastos. El hombre tenía como una bondad. Dale, le dije, sintiéndome osado. Para llegar tuvimos que caminar sobre el tronco de un árbol caído, esquivar dos charcos y embarrarnos bastante. Detrás de los pastos estaba Popota. Popota no era ningún botecito. Tenía una cabina, tenía un timón, tenía colores. Y su exterior era violeta. Todo, absolutamente TODO lo que no pertenecía a ese momento, al objetivo de navegar ese río a bordo de Popota se desapareció de mi mente y le dije, entusiasmado: -¿Vamos?- Me miró, sonriendo. A los ojos me miró. Sonriendo. Dale subí, me dijo.

Popota no tenía motor. Tenía un sistema a pedales y vela. Estuve en la cubierta hasta que nos alejamos de la costa. Cuando entré al camarote vi los instumentos. Un Piano vertical de madera, un Chelo y diversos elementos de percusión. Me conmovió la imagen porque hacía años que no tocaba. Recordé la sensación de los dedos al presionar la tecla, el recuerdo del sonido antes de sonar, recordé melodías que hacía años habían sido reemplazadas por otros haceres. Me senté frente al piano. La tapa estaba levantada. Apoyé mis manos y tímidamente empecé a tocar. -Es una melodía sencilla- me dijo. -Sencilla y bella- agregó mientras con el Chelo iniciaba un acompañamiento para nada compañero... sonaba estridente. Sonaba molesto. Sonaba como si un niño sin ninguna formación musical tocara el Chelo. Pero yo no podía detenerme, mis dedos gozaban de estar nuevamente allí. Pero mis oídos, mis oídos querían que todo terminara, querían la armonía habitual, pero mis dedos... Cuando lo miré él me estaba mirando. Serio. Firme. Sin parar de tocar. Yo tampoco podía parar, pero tampoco podía sostener la melodía académica, cuadrada, centrada, que había comenzado. Nota a nota, dedo a dedo, compás a compás fui desarmando el tiempo. Ni siquiera había ya noción de tiempo segmentado... a tal punto que imaginé yo espirales. Espirales que me envolvían el cuerpo, que me acariciaban los ojos, las manos, los pies, los pensamientos, los sentimientos. Yo no me pude explicar en ese momento que había pasado, pero sí sabia que había sido importante. Sí sabía que había sido hermoso. Y sí sabía que había sido real. No un sueño. Aunque ahora sé (y en ese momento no lo sabía) que los sueños son realidades otras. (Pero reales).

FunkY roAd (episodio2)



Esto es mi mente. Mis pensamientos. Lo Real. Lo otro, un sueño, el reino de mi otro modo de existir- me dije al despertar. Estaba en mi cama, lo supe antes de abrir los ojos. No por recordar (la acción) sino por recordar (la sensación).

Sin embargo algo en mi se había movido.

Ya no era yo la misma persona. Había experimentado la música de un modo diferente. En ensamble de sonidos suplementarios yo había sido todos ellos. -¿Qué significará este sueño?- me pregunté, sí.

Tenía que levantarme. ¿Será que tengo que tocar la trompeta? Tenía que lavarme la cara. ¿Será que tengo que estudiar guitarra? Los dientes. ¿Canto? Vestirme. ¿Viajar en tren? Desayunar. ¿Ir al desierto? ¿Cambiar mi vestuario? Ir a la facultad. -Eso es lo que tengo que hacer. ¡Por favor! El examen de Teoría de Probabilidades es pasado mañana y yo analizando un sueño! Me levanté, me lavé la cara, los dientes, desayuné. Me fui a la facultad.

Bendito treinta y siete, hoy llegó rápido. Y vacío.

jueves

FUNky rOad. (primer episodio)










Es eso.

un enorme darse cuenta q me ha caido encima.

como un baldazo de agua fría.

o como una tormenta tropical, de tibia agua oceánica derrumbándose sobre mi eléctrico cerebro.


Cómo sería retornar al origen sin haber completado la vuelta. El camino que pisan mis pies es, a veces, el camino que realiza mi Alma. Otras, el andar errante me hace perder el pulso. Aun así me llevo hacia el mundo de mis juegos con este estar de adulto. Yo soy la perla de mi océano. Yo fui la ostra que la ocultó. Seré la mano que la recoja.


Mi sueño detonante se ha devorado todo lo que en mi oscurecía. En aquel soñar estaba yo durmiendo en una estación de tren. La luz tenue de las lámparas anaranjadas daban a la escena un aire musical. Parecía que en cualquier momento llegaba el tren y se bajaba un trío de músicos negros vestidos con trajes de lentejuelas. Celeste, rosa y dorado. Unitonales. Atinado parecer onírico, pues entonces llegó el tren. Enteramente rojo y moderno. Parecía funcionar con unos molinos que llevaba en el techo. No se veían cables. Sí brillaban los rieles sobre los que avanzó hasta detenerse en la estación y despertarme para presenciar el colosal despliegue sonoro que se posó sobre el andén. Tres señores, negros, vestidos de traje (uno celeste, el otro rosa, el otro dorado). Sí, de lentejuelas. Uno bailaba con un contrabajo, otro llevaba un teclado pequeño que sostenía con el brazo izquierdo y tocaba con la mano derecha y el tercero tenía colgando delante de sí un tambor, un hi hat y un crash. Se veía gracioso, el batero andante. Ellos bailaban al tocar seduciendo el espectro lumínico que sorpresivamente se acopló al “show” variando colores e intensidades. Bailaban mientras tocaban y se conducían decididamente hacia mi. Yo, despeinado, los miraba acercarse. Me rodearon con su música y no pude evitar levantarme y bailar. Entonces me vi. Llevaba también un traje de lentejuelas. Mi color era el verde. Un verde claro, como de agua. Y en mis manos tenía una trompeta que misteriosamente sabía tocar a la perfección por lo que me convertí en el canto trompefante de este cuarteto. Bailando, los cuatro, subimos al tren. Sonábamos meloarmonías intransigentes. Éramos la esencia de un viento que por milenios se había quedado atascado en el desierto sin poder mover otra cosa que arena. Chocando entre médanos estaba imposibilitado de salir. Yo supe eso porque vi la imagen, y esa imagen se convirtió en el destino del tren, que se detuvo en una estación de arena blanca. Con tonalidades rosadas,porque el Sol amanecía. Allí descendimos los cuatro. Sin dejar de sonar nos acercamos a un señor que parecía recién despertado sentado en su banco. Tenía también un traje de lentejuelas. Violeta. En cuanto lo rodeamos sacó una guitarra de abajo del asiento, eléctrica pero inalámbrica. Y azul. Marino. Mientras todo el sonido se hacía sopa, guiso, budín, flan! Una señorita con vestido de lentejuelas negras se acercó a nosotros. Tenía un micrófono en su mano y en su boca vibraba: Sammertaaaaaiiiiimmmmm iu biliv it´s iziiii….. su voz era el hechizo que despertaba al mundo, mi alma sentía la fusión y entonces levanté la mirada. Todos me miraban. A cada uno miraba yo. Todos eran yo. Hasta la mujer. Entonces me desperté. En la vida real. Y supe que mi alma ya no oscurecía. Había pasado el largo invierno. Ahora amanezco.

Pensamiento 1

Por la noche se despiertan los sonidos que el día apaga. Suenan los pasos, unos pasos tacos, como de... zapatos blancos? Y la pollera es azul. Marino. Y se alejan mientras el jilguero pia, y ahora vibra el vidrio de la ventana. Y la luna, aturde. Mi día es efímero. Y también tu vida. Y todo. Cómo quisiera ser más sabia y detenerme un rato a tomar el te con mi alma.

martes

Buen Dormir

Caminó por el sendero de Magnolias hacia el bosque de Tilos que, oscuro y fresco, descansaba en la calurosa tarde de verano. El mundo pareció detenerse al sentir el aroma soporífero y, sin llegar a elegir un lugar para el descanso, Marta Martita se quedó dormida.

Nadie va al bosque de Tilos sin el conocimiento de que lo espera una larga siesta, pues es propiedad íntima y sinérgica de estos árboles, dar el descanso indicado al cuerpo y a la mente. Quien entra en este bosque se duerme por la suma de horas que se salteó en la vida. Marta Martita había viajado mucho para llegar a este bosque, recomendada por los médicos de la disciplina secreta, que aun pululaban entre la agnosia general. En pleno Montreal ellos le habían explicado el camino y le habían indicado alimentarse muy bien pues el único peligro del dormir era dormir demasiado y no despertar antes de recibir el alimento necesario. Así que cargada de una buena dosis de grasa y una buena manta Marta Martita durmió durante 3 años.

Cuando despertó actuó con total naturaleza ante el mundo.

Sus pasos la llevaron sin titubear a las costas del Mar Caribe, donde aprendió Las Danzas de los Pies Descalzos y luego se dedicó a bailarlas frente al mar cada amanecer y cada atardecer. Durante el día ejercía el oficio para el que había estudiado: observar la naturaleza vegetal y explicarla. La base científica de sus estudios fue combinada con la lucidez de sus neuronas y el arte de su corazón y así fue que al cabo de 3 años había descubierto y explicado un lenguaje que acontecía entre las plantas y las estrellas. Un lenguaje basado en electromagnetismos mínimos pero con una coherencia interpretable tal como se interpretan jeroglíficos egipcios y cosas similares. Marta Martita presentó su trabajo de investigación en un Congreso de Botánica en Costa Rica y además publicó un libro narrando las historias que las estrellas le contaban a las plantas y cómo éstas respondían con cuentos de alta alcurnia. La Sociedad Científica no pudo refutar los hechos, todos se maravillaron ante la impecabilidad de la investigación.
La Humanidad se cautivó ante los saberes estelares que le llegaban a las plantas y muchos quisieron aprender el lenguaje para entender.
(...)
Marta Martita tiene los ojos de almendra, sus labios de Mora emiten un canto como antiguo pero presente. Su mirada tiene que ver con la sal y sus palabras con la lava.

sábado

Compañias

De todo lo de Otoño que estos días traen Carmela intenta acaparar lo algo que quede de Verano. Intenta recordar en qué momento se acabó el sentir con el que venía, tan copada estaba, para quedarse con este amargón cuasi sólido en los ojos, que miraban ya como si el aire entero se encontrara enrarecido y asqueroso.... Cuando decidió que todo lo que quedaba por hacer era existir y entender que el nuevo estado ya habría de acomodarse.

Una sarta de cosas-

Platos rotos.

Había caminado el mundo. Había caminado el mundo y ahora no podía combatir su propia fiebre visceral. Los fantasmas de su infancia y una pizca de colores mal pintados en la pared. La pared. La locura. Por qué era ella dueña o esclava de una pared. Y quién dictaba los aconteceres que le enturbiaban el camino. Stop. Nuevo Comienzo.

Nuevo Comienzo.

No quería que el tipo se le acercara. de eso estaba segura. pero algo en el universo la llevaba a buscarlo. y cómo evitar los estados de lujuria o evitar juzgar el modo. El modo no es correcto. Eso por sí misma. Porque después no se siente bien. Porque después no se siente bien. Comer el helado. DESpués escupirlo. Una sarta de confesiones q no le importan a nadie pero para ella son lo más precioso. Lo más precioso. Porque la convierten en hereje. Hereje. Que la juzgue la hoguera si algún día regresa. Su hechicería no es profana. Santos no existen en el concepto de una niña. Ni niña es cuando sus tetas no marchitas saltan al bajar escaleras. Pero ahora estaba aca, con el aliento del otro en su oreja y ella no quería. no quería. no quería. salí piba. salí piba. se dice a sí misma. salite de ahí. salite.
y se fue.

Y se fue.

La luna esta mañana se puso, se ocultó mientras amanecía. su luz era la luz del sol y esa misma luz que rozaba la tierra y mis ojos ven ahora. ahora. se pone la luna. y yo la veo. pero el sol atrás. también lo veo. y yo en el medio. toda siendo humana, huelo el aroma del tiempo.

El aroma del tiempo.

En una época los hombres creían en cosas sagradas y tenían rituales. Y nadie se preguntaba cómo o si si. Pero hoy es raro. ES raro que todo está como ido. porque lo sagrado no suena a sagrado. ni lo no sagrado agrada al corazón. se me nubla cierto diálogo cuando veo la vacuidad de mi propia religión. la ausencia de eso que atina a reemplazar a la inalcanzable certeza. Nubes que me gusta ver en el cielo no acongojan mi espíritu lleno de algo q no alcanzo. Un agua que no bebo. Y podría ser positivista y jugar a que sí. pero que mal me siento a veces. y por qué falta el aliento. Yo hoy creo en ciertas cosas. Creo en los hechiceros y creo en los tiempos dodecafónicos. Aunque no me agrada del todo el sonido de la música no organizada por las armonías predilectas. Algo de costumbre en mi oído y algo de dormida mi alma. Por qué no me susurra al oído? Por qué no escucho en esta tarde de lluvia y calor, bendita tarde de lluvia y calor, los consejos de mí misma? Y mi ser. Y mi ser. Escribir así es un poco como tocar el piano.

viernes

Navegar


Delfines y canoas.
No puedo dejar de pensar en eso mientras camino por esta ciudad.
Delfines y canoas.
No permito que escapen de mi pensamiento.

Delfines y Canoas.

Gente. ¿Tanta gente? Es mucha. Somos muchos. Vamos por la vereda.
En la calle no hay autos, entonces bajo al asfalto
para poder sentirme.
Distraida camino. Pronto-de pronto-me caigo. (No tropiezo, caigo, como por una alcantarilla, parece). Pero delfines y canoas me protegen del miedo.

Miedo a lo que ocurre, miedo a lo que viene. Ahora ausentes, los miedos.
o intraducibles.
Pues mi mente toda es Delfines y canoas.
No cesa la caida, parece que voy por un túnel y me río porque ya no hay vereda, ni gente. Sólo túnel y delfines y canoas y caer.
Deslizarse, deslizarme.

Deslizarme en el caer curvo, agudo, movimiento uniformemente variado, agradable y veloz.¡ fium! Vuelvo a caer, como al aire, como a la nada. Ahora agua y túneles de agua.
No puedo respirar.
Pero-Delfines y Canoas-. No tengo miedo de lo que llega. Pronto floto y respiro. Me toca el Sol.
Sol, delfines y canoas.
También algo de mar.
Elementos en mi mente: Delfines, canoas, sol, mar.

Mar en mi piel, el Sol que me seca.
Un delfín y otro.
saltan.
A mi alrededor,
canoas.
Me trepo a una.
Delfines, canoas, sol, mar, trepar.
Y navego. Rodeada de delfines, bajo el Sol, sobre un mar que me lleva hacia alla, hacía lo próximo, próximo limpio de ansiedad. el miedo desvanecido.Delfines, Canoas, y Navegar.

23/2/09
Yésica Topakbassian

miércoles

Cubriendo el mar de cespedes


No salen las raíces, che.
es meli, quien dice.

nop, ni la´hojas. ese es greg (/guereg/)

ni nada.
carámbolas.

ambos.

pará, mel, mirá, mirá.

mira.

faaaaaaaaaaa.

y se despliega una flor azul.

domingo

oni ristico

un balcón.
el cable paralelo a la calle,
y vos saltando sobre el.
En un monociclo, o no. Son sólo tus pies, sorteando los obstáculos
(os) vacíos. (para no caer).
Mi sorpresa. O mi alegría.
Y tan sólo a 10 metros, también salta mona!

Llega un otro, desconocido. También sobre el cable, pero casi acróbata.
Y caés, tras el último salto, caes.
No espero y entro al departamento,
y la gente y la llave, y cómo bajo! no recuerdo el ascensor.
Abajo una vieja. Cayó sobre un charco de mierda, me dice. mierda de caballo. bosta, eso! me dice la vieja y que otra vieja te retó. que te llevaron a la dirección.
¿Para amonestarlo? pregunto.
Si, para amonestarlo. dice la doña.
entonces voy por la calle, y una librería y todo pierde el sentido nuevamente.

viernes

Convergencias



Ahullò al Viento que el Sol no era.
Tal era su frío.

La niña Teresa lloró en brazos de su madre.
Y el Sol fue entonces,

chispa de su voluntad.

Tan grande así ella, que en su imaginación vivían cien universos. Entre ellos universo así (el "esto").

Y asomó una noche su pensamiento hacia los colores.
Y ese día yo pintaba con crayones y entré en "ese" estado y la ví. Nos vimos. (Mismísima frecuencia de cuelgue). Aunque su ojo era discordante tal cual ojo de huracán. (Para mi modo de percibir historias).

Y Me voló. Volé. Me salí.

martes

Y el viento supo de esto. Oh si.




"Moví el mundo hasta aca. Muevo el mundo hacia alla. Es aún más fluido que el agua, más disperso que el viento. Que el Alma se me exprima y rocíe de estrellas el Alba, anunciando el día de hoy."
Dijo su plegaria al Sol y encendió el fuego, el primer y único fuego que ardería solitario y lento.
Solitaria y lenta, así ella, desnudando al tiempo de haceres, se arrojó bajo el Sol, sobre la arena.
Y sonrió.
[pasó un tiempo y cambió levemente la escena]
Evitó las olas y vio que el Mar se hacía azul y más azul. Iba en su canoa sin remos, llevada por corrientes misteriosas hacia nuevos lugares.
-Lugares verdes busco- gritó a las mareas y se echó a dormir, inclinando su sombrero de palma sobre sus ojos y enlazando las manos sobre el pupo.
Y sonrió.
No escuchó la rompiente, ni sintió el aterrizaje perfecto sobre las playas de la Isla Cangrejo. Sólo cuando la lluvia, severamente copiosa, empapó su mundo, despertó y se levantó y corrió hacia la selva, verde, tan verde y durante un momento se dedicó a celebrar la bienaventurada realidad. Sonaron carcajadas y cantos y gritos.
Los señores del bosque la vieron y la invitaron a tomar el Té local. Ella, tan aceptando, se ofreció a preparar panecillos para acompañar el encuentro.
La casa era. (La casa es). Y el Té resultó Canela. Los panecillos de maíz. Los convidados: Ella, los señores del bosque y cinco criaturas más: dos mujeres, dos jovencitas y una niña.
En un momento, los señores dijeron que irían a navegar y se llevaron panecillos para después.
Ella, las dos mujeres, las dos jovencitas y la niña comenzaron a moverse extraño y pronto eso fue una danza que duró varios momentos hasta que estallaron en carcajadas.
Yésica Topakbassian
14/07/2009

viernes

In Ver Nan Do . o art is nor dead .

(pintura por Jeremy monkeyflower)

Este dìa no hubo gana.

Las ganas evaporadas.

Tan sólo presente el modo otro. El sin ganas.
Pero sin ganas nadie hace nada.
Este día nadie hizo. Y al día siguiente todas las cosas perdieron el sentido.

Nadie podìa recordar el silencio del alma, y todas como locas gritaban què querìan.

Este día hubo saber de quereres. Todos sabían que querían.
Y el mundo tuvo otro color. Por ejemplo, el señor que paseaba perros se fue a vivir junto a una manada de lobos; los niños todos inflaron globos con helio y volaron sobre los continentes; las jovencitas corrieron con los jovencitos, de la mano; los señores de sombrero bailaron tap y los artistas jugaron rol; las farmacéuticas fueron a recoger hierbas a los bosques, descalzas y desnudas se bañaron bajo las cascadas del mundo; los payasos tomaron un barco a la luna; los biòlogos nadaron con las ballenas; las embarazadas tuvieron bebés (que es lo que hacen las embarazadas); y así.

Hay que destacar que estos días son desmesuradamente libres y felices y que toda idea que condenaba al libre-kine-tinaje quedó por completo desplazada del modo correcto de concebir el modo correcto de existir.
Y.T.
julio 2009

sábado

Danza Contemporánea (o La Revolución de las Hormigas)


Hubo una vez una gran fiesta en Hormigón.


Con motivo de la coronación de la nueva Reina, el hormiguero se sacudió entero en un extasis danzarín. No es algo que suceda muy seguido, ya que las hormigas siempre tuvieron dificultades para detener la milonga.
Las más precavidas se detuvieron al sentir que de tanto bailar, sus patas comenzaban a enrularse. Las otras, Reina inclusive, no puedieron resistirse a la hipnotizante música y sus patas fueron enrulándose de a poco, para ya no volver a estirarse nunca más.
De alguna manera la fiesta acabó y el trabajo llamó. Así fue que en Hormigón nació una nueva especie, la de las patas enruladas. Sin sospechar qué temibles consecuencias tendría esta mutación, cada hormiga volvió a su trabajo y Hormigón regresó a una efimerizada rutina.


Fue inevitable.


Ni toda la negación del mundo pudo impedir que las enruladas patas se movieran al compás de cualquier sonido. El deseo de sacudirse crecía en los corazones de las hormigas enruladas. Entonces fue suficiente con que una de ellas comenzara a soltarse para que el resto la siguiera.


El ritmo de trabajo cambió en Hormigón.Las hormigas todo lo hacían bailando. Bailando construian, bailando recogían hojas y algún dulce, bailando bailaban.


Al verlas, las mariposas pensaron que esa idea de bailar y bailar era muy divertida,y bailando volaron por las praderas. Entonces las vieron unos niños que tenían que hacer una investigación lepidóptera, y al verlas bailar sintieron que esa era una muy buena forma de existir.Así que bailando fueron a la escuela.


La maestra intentó persuadirlos de detenerse, amenazó con castigos absurdos, pero, tentada, también bailó. Bailando fue a ver a la directora, quién, trás contagiarse, convocó a una reunión de padres para bailar con ellos.


Los padres fueron bailando a sus trabajos ybailaron con sus jefes.


Los jefes bailaron con sus familias y las familias con sus amigos y perros y gatos.


Así. -Hasta que todos todos sobre la Tierra bailaron y el mismísimo planeta de regocijó de tanta danza y bailó, bailó.


Bailó hasta que se salió de su órbita y se fue, bailando, a bailar con otros planetas.


2/7/2006

yésica topakbassian